La autoexigencia y perfeccionismo son rasgos de comportamiento que, asumidos de la forma correcta, nos pueden impulsar a mejorar en nuestras acciones. Sin embargo, también se convierten en problema cuando tenemos la percepción de que lo que hacemos nunca está lo suficientemente bien o completo. Desde esta perspectiva, las personas altamente autoexigentes y perfeccionistas desarrollan diversos problemas psicológicos que pueden derivar en ansiedad, estrés o depresión.
En este artículo vamos a tratar la autoexigencia y perfeccionismo desde una visión constructiva. Nuestra intención es que entiendas en qué consisten estas dos actitudes y, sobre todo, cómo evitar que te dominen hasta el punto de generar un comportamiento dañino.
¿Qué es la autoexigencia?
La autoexigencia es un patrón de comportamiento muy ligado a la consecución de resultados a través de un alto rendimiento.
Desde una óptica positiva, las personas autoexigentes desarrollan una alta capacidad para mantenerse motivadas, marcarse objetivos realistas y conseguirlos sin caer en problemas como la procrastinación.
No obstante, la autoexigencia también puede convertirse en defecto cuando la persona no sabe desconectar en su empeño por alcanzar sus objetivos. Además, también es propio de las personas extremadamente autoexigentes que, una vez alcanzada la meta, se sientan vacíos. Esta sensación de «nunca tener suficiente» habitualmente va ligada a procesos de ansiedad, estrés e, incluso, depresión.
Y es que cuando la autoexigencia no actúa como un motor que nos impulsa a conseguir metas alineadas con un propósito vital que conecte realmente con nosotros mismos, pasa a ser una actitud que nos genera conflicto. La consecución de metas banales o relacionadas con recompensas vacías, a menudo están detrás de esa sensación de «nunca tener suficiente».
¿Qué es el perfeccionismo?
El perfeccionismo es una actitud ante la vida que impone la necesidad de realizar acciones sin que medie el error, con resultados impecables y bajo una idea subjetiva de que «así es como deben hacerse las cosas».
En psicología se distinguen dos tipos principales de perfeccionismo que, a continuación, pasamos a definir:
Perfeccionismo adaptativo
El perfeccionismo adaptativo busca la excelencia de una forma realista, aceptando los errores y asumiendo los fallos de una forma flexible y ligada a un necesario proceso de aprendizaje.
Este tipo de perfeccionismo se asume desde una visión positiva que impulsa a la persona a realizar acciones desde la motivación y la resiliencia.
Perfeccionismo desadaptativo
El perfeccionismo desadaptativo está relacionado con el miedo al error y resultados idealizados que, a menudo, generan un comportamiento autoexigente en exceso.
Este tipo de perfeccionismo es el que genera conductas problemáticas. Cuando una persona perfeccionista siente que lo que hace nunca está lo suficientemente bien, o completo, experimenta desajustes emocionales que le hacen sufrir.
También es común que las personas que padecen perfeccionismo desadaptativo experimenten bloqueos que les llevan a procrastinar. Si la persona siente que la expectativa de resultados que pretende alcanzar está fuera de su alcance y no existe una alternativa posible, se bloquea y evita actuar.
Es aquí, dentro de este patrón de conducta, cuando el perfeccionista desarrolla problemas emocionales y otras afecciones psicológicas, como las ya referidas con anterioridad.
Principales causas de la autoexigencia y perfeccionismo
La autoexigencia y perfeccionismo tienen su origen tanto en la educación que hemos recibido en la infancia como en el contexto en el que hemos desarrollado nuestra personalidad: ámbito laboral, amistades y familia con la que nos comparamos y objetivos de vida estereotipados de acuerdo a nuestra cultura.
En los siguientes apartados vamos a realizar un repaso por algunas de las causas más habituales que motivan una actitud marcada por la autoexigencia y el perfeccionismo.
La educación recibida
Como ocurre con buena parte de los problemas emocionales y psicológicos que experimentamos en la edad adulta, la educación recibida en la infancia tiene una gran relación con estas afecciones.
En el caso que nos ocupa, es habitual que las personas que sufren un desajuste causado por autoexigencia y perfeccionismo hayan crecido en ambientes donde la aprobación estaba ligada al rendimiento. Quizás te sea más fácil ilustrar ese concepto en frases como «puedes hacerlo mejor» o «si te esfuerzas llegarás a…»
Estos mensajes no son malos por definición. Sin embargo, cuando un niño está obteniendo buenos resultados y se le traslada sistemáticamente la idea de que lo que hace nunca es suficiente, se promueve una autoexigencia dañina.
Necesidad de aprobación
Otra causa habitual que origina problemas relacionados con la autoexigencia y el perfeccionismo es la necesidad de obtener aprobación.
Para algunas personas, el reconocimiento externo es la forma más efectiva de elevar su autoestima. Cuando esto sucede, se genera un estrecho vínculo en hacer las cosas extremadamente bien con el único fin de obtener la recompensa emocional que otorga el elogio hacia las acciones realizadas.
También puede acontecer que se desarrolle una actitud autoexigente y perfeccionista en la infancia para reclamar la atención de unos padres que no dan muestras de afecto. Si un niño crece en un ambiente de indiferencia hacia lo que hace, puede percibir que sus acciones son insuficientes o «están mal» y esto puede desencadenar un sobresfuerzo que le lleve a un perfeccionismo ansioso.
Miedo al rechazo
Esta es una de las grandes causas que promueven una autoexigencia y un afán perfeccionista dañino.
El miedo a que rechacen nuestro trabajo provoca en algunas personas una conducta autoexigente marcada por la ansiedad y el temor a que nos digan que algo está mal.
Bajo este pensamiento, la persona lleva sus acciones a un punto de perfeccionismo nocivo.
En el polo opuesto, tal y como comentábamos en otro punto de este artículo, también puede ocurrir que la persona, ante la idea de ser rechazada, experimente procesos de bloqueo y procrastinación que no tienen que ver con la pereza, sino con el estrés porque su trabajo sea insuficiente de acuerdo a su proyección.
Comparación con los demás
En una sociedad definida por la exhibición de unos ideales de perfeccionismo que nada tienen que ver con la realidad, es habitual que muchas personas desarrollen una conducta ansiosa y altamente exigente para asemejarse a lo que de forma compulsiva ve en redes sociales.
Esta actitud que se desarrolla para alcanzar un modelo de vida idealizado, a menudo deriva en la idea de que nada de lo que hacemos es suficiente. Para algunos, esto se traduce en frustración -cuando no en depresión- y para otros en una conducta autoexigente desalineada con un verdadero propósito vital, lo que a la postre genera problemas emocionales.
Señales de que la autoexigencia y el perfeccionismo son un problema
Si has llegado a este artículo es muy probable que estés sufriendo las consecuencias negativas de una autoexigencia y perfeccionismo exacerbados y necesites encontrar soluciones -apartado que abordaremos más adelante-.
Pero también es posible que intuyas que tu afán perfeccionista aún no es un problema grave pero podría llegar a serlo. Por ello, es importante reconocer las señales que indican que puedes llegar a experimentar ansiedad y otros problemas psicológicos que afecten a tu salud a causa de la autoexigencia.
Estas son algunas de las señales principales que indican que debes prestar atención a tu manera de afrontar las acciones de tu día a día:
- Rechazas iniciar proyectos por miedo a no realizarlos de manera perfecta.
- No aceptas los fallos y errores en tus procesos productivos o en las decisiones de tu día a día.
- Cuando descansas te sientes culpable y piensas que estás perdiendo el tiempo.
- Cuando haces algo bien no lo disfrutas y sólo te fijas en lo que se podría mejorar.
- Sientes ansiedad incluso en los momentos en los que las cosas marchan bien.
Cómo gestionar la autoexigencia y perfeccionismo
En este apartado vamos a ofrecerte una serie de consejos enfocados en gestionar la autoexigencia y el perfeccionismo.
Nuestra intención no es que elimines una manera exigente y eficaz de hacer las cosas. No. El objetivo es integrar esta manera de ser de una manera equilibrada, convirtiendo el afán de superación en una virtud más que en un defecto.
Busca la excelencia, no la perfección
La excelencia puede ser un objetivo realista que nos mueva hacia una disciplina productiva alcanzable y satisfactoria. Sin embargo, ¿qué es lo perfecto?
Debes reflexionar en que lo perfecto es más un ideal que responde a tu subjetividad que a un hecho objetivo y constatable.
Lo que para ti es perfecto puede no serlo para otro. Y esta premisa te puede sumir en una espiral sin fin de autoexigencia de la que es imposible salir.
La excelencia, sin embargo, sí responde a una manera de ser fácilmente reconocible y aceptada. Y, además, no tiene por qué tener vínculo con una autoexigencia sin límites que te lleve al estrés.
La perseverancia y el amor por lo que haces te acercan a la excelencia y a un reconocimiento sano. La búsqueda de la perfección se acomoda dentro de lo idealizado y tiene peor acomodo en la realidad.
Por ello, si eres una persona con unos estándares productivos altos y la resiliencia forma parte de tu personalidad, es aconsejable que en tus acciones te orientes más a unas expectativas que pueden ser excelentes pero no «perfectas».
Acepta los errores
Para las personas autoexigentes y perfeccionistas el fallo es algo parecido a una condena. Errar les produce una frustración y un sentimiento de culpa que no toleran y que, en ocasiones, les lleva a la ansiedad.
Por este motivo, cuando cometas un error debes hacer el esfuerzo de no culparte y, por supuesto, no hablarte mal.
Debes asumir el fallo como algo natural y que forma parte de todo proceso vital. Además, el fallo es necesario para aprender. Si no fallamos difícilmente podemos reparar en aquellos aspectos que debemos mejorar. De este modo, asume el fallo como parte de tu continuo aprendizaje en la vida y no te fustigues cuando aparezca ya que, como decimos, fallar es inevitable.
Márcate objetivos realistas
Con este consejo no queremos trasladar una idea limitante. Todo lo contrario. Creemos que el esfuerzo y la ilusión por llegar a metas que ahora nos parecen inalcanzables son aspectos muy positivos cuando se llevan a cabo de manera sana. Y este es el concepto que te queremos trasladar: que tus objetivos sean sanos y progresivos.
Puede que estés inmerso en un proyecto de emprendimiento o frente a todo un reto en tu puesto de trabajo. Y es en este tipo de situaciones -sobre todo en las que se adscriben dentro del ámbito laboral- cuando las personas perfeccionistas se exigen más de la cuenta en su búsqueda de unos objetivos idealizados.
Una buena forma de alcanzar esa excelencia a la que la aludíamos con anterioridad y obtener resultados satisfactorios tanto en el trabajo como en la vida personal, es marcar objetivos que podamos completar de forma realista.
Puede que estos objetivos sean fases dentro un plan mayor que concluya en un gran logro. Sin embargo, planearlo por fases alcanzables y no como una idea orientada a un resultado final perfecto, puede ser de gran ayuda para no caer en una autoexigencia dañina.
Celebra tus logros
Como decíamos en el apartado dedicado a las señales de una autoexigencia y perfeccionismo nocivos, enfocarte en los errores cuando has realizado un gran trabajo alimenta esta actitud en desequilibrio que es necesario corregir.
Cuando has culminado una tarea está bien ser autocrítico para en lo sucesivo mejorar y desarrollarte, pero sin obviar que también es necesario dar valor a lo que has conseguido.
Por ello, te invitamos a que celebres tus logros y le des a tu esfuerzo y dedicación el valor que se merecen.
Apóyate en un psicólogo
En ocasiones, el perfeccionismo y la autoexigencia se convierten en todo un problema de salud mental que requiere de ayuda profesional.
Lo hemos mencionado, pero conviene hacer hincapié en que una autoexigencia llevada al extremo produce problemas severos de ansiedad, estrés -sobre todo estrés laboral- y depresión.
Cuando has llegado a la conclusión de que exigirte más y más está mermando tu salud mental y no sabes cómo atajar el problema, la ayuda de un terapeuta se presenta como una solución de imperiosa necesidad.
Es posible que, como decíamos, la autoexigencia y el perfeccionismo llevados al extremo se manifiesten en forma de diversas afecciones psicológicas. En este escenario, la ayuda terapéutica es muy importante. Puede que necesites un psicólogo especializado en depresión, estrés u otro estado que ahora percibes como dominante en tu forma de ser. Por ello, te invitamos a que actúes de forma temprana y solicites la ayuda que necesitas antes de que se convierta en un problema mayor.
Conclusiones
Exigirte más, como hemos desarrollado, puede ser una actitud positiva siempre y cuando responda a una necesidad sana de superarnos en la vida. Y del mismo modo el perfeccionismo no se ha de ver únicamente bajo un prisma negativo. El esfuerzo por hacer las cosas bien y con un nivel de detalle incluso excelente es propio de quien ha alcanzado un nivel de maestría avanzado en algún área de su vida.
Sin embargo, es importante que la autoexigencia y la necesidad de alcanzar la perfección no nos dominen. Aceptar nuestra imperfección y los procesos de aprendizaje cultiva una personalidad de igual modo resiliente y, por qué no, excelsa.
La ambición es un fantástico motor que alimenta nuestra ilusión y nos permite avanzar. Pero nuestro progreso debe ser gradual, aceptando los errores como parte del aprendizaje y en armonía con una manera de vivir basada en el respeto por nosotros mismos.
Por todo ello, te invitamos a que progreses en tus propósitos de vida y, por qué no, a que salgas de tu zona de confort y te exijas más. Pero siempre con la cautela de no caer en ideales artificiales o una autoexigencia cuya finalidad te aparta de un propósito de vida que de verdad promueva un crecimiento personal sano y equilibrado.
En Terapia Online Amanecer nos gusta acompañarte a través de un proceso terapéutico que busca este enfoque basado en la empatía, la paz interior y la propuesta de soluciones que motiven un verdadero cambio de conciencia en tu vida.
Si necesitas hablar con una de nuestras psicólogas estaremos encantados de escucharte en una primera sesión gratuita y sin compromiso.
Te esperamos.
Este artículo tiene una finalidad informativa y divulgativa y en ningún caso sustituye el diagnóstico de un profesional de la salud mental. Siempre te recomendamos que pongas tu caso en manos de profesionales acreditados y verificados y que no inicies tratamientos sin la correspondiente supervisión profesional.

